Entre dos tierras

Actualizado: may 16



Iniciemos echando un vistazo hacia este lugar de mil historias, vaguemos por el tiempo y adentrémonos en la República Federal de Alemania. Un lugar para el cual los sueños quedan cortos y la imaginación se hace tan grande como el mar que nos trae. Nunca pensé llegar aquí, tampoco pasó por mi memoria aprender alemán y llegar a ser el punto centro en la balanza. Creo que mientras se viva en otro país, los brazos se mantienen extendidos, norte y sur. Con uno nos agarramos fuerte de los seres queridos, mientras que con el otro vamos edificando sobre la tierra nueva. 

Fotografía por Jesús Grillo.

Llegué a Berlín en el año 2014, lleno de expectativas, enamorado y con una maleta a la espalda. Nunca había viajado tanto tiempo en avión, la palabra Frankfurt era para mi nueva, la gente hablaba en un continuo trabalenguas y honestamente el aeropuerto ahí no es para principiantes. Después de una escala de 7 horas llegué a la capital. En Flughafen Tegel, la nueva familia me estaba esperando.


Confundido, con un inglés malo y la voz tosca, abordé a mi suegro con un “good morning”, y él me contestó en un español mejor que mi segundo idioma. Luego de unas pocas palabras y unos cuantos abrazos tomamos un carro hacia la casa.

Fotografía por Jesús Grillo.

Una ciudad nueva en un continente nuevo nos abrirá siempre desmesuradamente los ojos, mientras nos vamos acostumbrando a su luz. Al otro día me asombró ver todas las cosas que la gente saca a la calle, literalmente, lo que uno no ha ocupado durante un año, va para fuera, televisores, ropa, pianos, parlantes, camas, armarios, zapatos, libros, … etc. Empecé a llevarme de todo como loco, hasta que con mi esposa decidimos, que por cada cosa que yo entrara a la casa, ella sacaba otra. Santo remedio. Ahora sólo tenemos lo necesario. 


Al principio, todo se nos hace caro, venimos de ganar pesos y aquí gastamos euros; no deja de ser un tema difícil de manejar hasta que uno se acomoda al sistema, consigue trabajo, aprende dónde comprar y a pedir rebaja. Sólo cuando me di cuenta de que la cerveza y la leche eran más baratas que el agua, todo tomó otro sentido. Después supe que hay también pequeños mercados donde se puede comprar plátano, yuca, chirimoya, guayaba, panela, aguardiente Néctar y Ron Viejo de Caldas. “Ahora sí, se me arregló la vida”.

Fotografía por Jesús Grillo.

Me gusta mucho el Döner Kebab; es como una hamburguesa con el pan más delgado y knusprig, tomate, lechuga pepino, salsas y carne rebanada. Sehr lecker. La gastronomía es bastante diversa, hay comida de todo el mundo y en los días de sol las terrazas de los cafés se llenan, casi todo mundo va en bicicleta y se escucha la música correr por el aire. Más de 2.500 parques y 20 lagos para la diversión, lugares ideales par el picnic y la vida social. 

Fotografía por Jesús Grillo.

En esos primeros días en que todo era curiosidad, nos  fuimos de paseo a uno de estos lagos con la familia, el Schlachtensee, ahí la gente se quitaba todo para bañarse, yo no estaba acostumbrado a eso, uno no debe mostrar todo, tápese bien… bueno, ya me acostumbré.


Quiero contar, que hablo frecuente con mi papá y mi mamá, la familia es muy importante para nosotros los colombianos. Viajo una vez por año a mi país y el corazón no deja de latir donde nació. Para pertenecer aquí, o así sentirlo, es indispensable aprender el idioma, eso tiene un valor muy grande en esta sociedad, a los alemanes les gusta que se interesen por su cultura, y adicional a eso gustan mucho de los latinos, del tango y la salsa, de su ambiente, ellos arman la fiesta, pero ¡nosotros le ponemos el ritmo!


 



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